domingo, 26 de octubre de 2014

Font de Marianet-Tristán


La de hoy es una nueva ruta por la Sierra Calderona tan cercana como desconocida, tal vez por esa cercanía. Al mismo tiempo sorprendente cuando se va descubriendo poco a poco y ruta tras ruta.
Comenzamos la ruta en la Font de Marianet, en Serra, donde al llegar, ya había gente llenando sus garrafas de agua. A esas horas el calor no era demasiado grande y las ganas de andar muchas, así que cruzamos las piedras que hay colocadas en medio del pequeño arroyo que se forma por el agua de la fuente y comenzamos nuestra ruta, bonita, espectacular a veces, e impredecible en cuanto a la diversidad de cambios en el paisaje que durante esta ruta se producen. 
El comienzo, para mi, ya es impresionante, pues me gustan mucho las formaciones rocosas y en este inicio hay que atravesar un pequeño paso entre ellas, para punto y seguido entrar en pleno barranco, con tupida sombra, y lleno del color que aportan los pinos, las adelfas, los lentiscos, algún palmito o margalló, pero son las flores de las adelfas las que más colorido le ponen a este precioso barranco. Los trinos de los pajarillos pondrán la melodía que obsequiará nuestros oídos. Continuos pasos a través de rocas, nos salen al encuentro en nuestro camino. Es precioso y la senda mullida. Después de haber empezado a ascender un poco, encontramos una caseta de piedra, donde se aloja un libro de visitas, para poner algún comentario, alguna sugerencia, etc. Es a partir de ahí que no dejaremos de subir por esta agradable senda, la cual nos gustaría que fuese eterna.
Es un verdadero bosque y la sombra es de fábula. No apetece salir de él. Al final de esta ascensión desde el barranco, salimos a la pista GR10, y en ella giraremos a nuestra derecha, siguiendo esta pista sin salir de ella hasta llegar a la Masía de Tristán. Diversos desvíos nos llevarán a Rebalsadores o Mirador de Mireya y más adelante a la Cartuja de Porta Coeli, pero mucho antes de esto, nos encontramos con una pista preciosa, serpenteante, que va ondulando el camino, formando en el mismo un dibujo de líneas curvas digno de postal, amén de la sombra que también encontraremos en la mayor parte de la misma, eso sí, alternando los trozos con sol, para en un tramo de un 20% de la misma, convertirse en un paseo a una inclemente exposición al mismo.
Desde la pista hay unas panorámicas imponentes, entre otras, del Garbí, Castillo de Serra, Mola de Segart, todas estas a nuestras espaldas, o sea, de vuelta, y al frente el Sierro, algunos corrales que lo fueron en su época...
No podemos olvidar que tenemos en nuestra ruta de hoy y en esta pista, dos fuentes, la primera es una pequeña zona de descanso con algo de sombra, bancos y mesa, agua para refrescarse, contenedores para ir deshaciéndose de algo que ya hayamos consumido… Después de haber pasado el último desvío de subida a Rebalsadores, en total encontraremos tres, comenzamos a bajar un poco, pero eso sí, más adelante volveremos a subir, y este será un repecho un poco fuerte, pero antes de esto y yendo por partes, primero llegaremos al desvío a la Cartuja, el cual dejaremos a nuestra izquierda, para seguir de frente y poder volver a refrescarnos en la Font del Poll. Es a partir de aquí, prohibido al paso de vehículos a motor, tanto coches, motos, etc., donde empiezan unas verdaderas y mágicas vistas, cámara preparada y sin guardarla, tanto de formaciones rocosas impresionantes, vistas a la izquierda de la Calderona en la parte de Olocau: con cerros, collados, y vertientes, en el acto reconocibles y siempre bonitos para los que vivimos cerca de esta sierra, vistos desde otra perspectiva, como hoy.
Después de haber caminado algún kilómetro, nos caerá encima de repente el sol, como un mazazo, en esta época del año, y para acabar de sazonarlo, le añadiremos el repecho más fuerte de toda la ruta, aunque compensado todo esto, con unas vistas a la derecha y a lo lejos, de La Vall dUixo, con su famoso “Pipa” y el mar al fondo de este decorado. Ni que decir de los cerros que vemos casi a nuestro lado... Pero lo más bonito para mi, estaba por llegar. Por eso he dicho al principio, que es una ruta impredecible. Impredecible y encantadora. Es encontrarse de repente, ante todo un bosque encantado de Quercus. Es mi árbol preferido, con sus formas dignas de un verdadero cuento de hadas. Estaré soñando?. No, no estaba soñando, aunque un bosque así, lo querría yo, para cualquier sueño que tuviera. No eran árboles de un tamaño muy grande o ejemplar, como son los Alcornoques de la Masía de la Mosquera, pero son como todos ellos, preciosos. Entre tanto Quercus, rocas con sus formas para imaginar, con sombra que nos acompaña, claro, eso sí, según la hora del día, salimos de este, y de repente vuelve a cambiar el paisaje, para encontrarnos, con una pista más suave, salpicada de Cupresus Sempervivens o Ciprés, rezando al cielo. Laderas y falsos llanos a nuestra izquierda con manchas de Enebros, que siempre le dan un aire especial.
Bellas vistas de esta vertiente de la Sierra completan la caprichosa estampa que contemplamos. Al poco de esto, y cuando empezamos a ver Cipreses y otras coníferas monumentales por su tamaño, nos encontramos de lleno en la zona recreativa del Tristán, con su fuente, y hasta cinco zonas de descanso para comer, con sus sillas y mesas hechas de rodeno, sombra en abundancia, y paisaje que inocula en el caminante, paz, sosiego, y tranquilidad. Un poco más adelante y en una curva de la pista, encontramos la famosa Masía reconvertida en albergue, muy bonita, pero cerrada a cal y canto, y en estado de abandono.
Desde aquí y después de haber repuesto fuerzas, volveremos por el mismo camino a nuestro punto de partida.
Aquí termina nuestra ruta de hoy. Otra más en la mochila, y con ganas de comenzar de nuevo.
Ruta muy recomendable.

J.L. Asensi

miércoles, 22 de octubre de 2014

Pasos perdidos


Oigo tus pasos en nuestra calle resonar,
cuando vienes y cuando te vas,
pero esta noche los oigo como en otra calle,
una calle que está cubierta por la bruma
de mis pensamientos.
Tal vez sea todo una quimera,
lo cierto es que tú no estás.

J.L. Asensi

sábado, 18 de octubre de 2014

Barraix-Beselga


La Sierra Calderona tiene rutas bonitas e importantes, algunas muy conocidas y clásicas. La verdad es que la de hoy nos ha dejado un muy buen sabor de boca. Poco había transitado, yo, por esta parte de la misma, pero he de decir que vale la pena. Zonas llenas de umbría, de vegetación abundante… De hecho los helechos y la gran cantidad de musgo que se pueden apreciar durante esta ruta son más bien propios de las zonas más húmedas de otras sierras. Esa ha sido una de las agradables sorpresas del día, además de los charcos de agua que permanecen mucho más tiempo en esta vertiente, dejando el paisaje más fresco y menos seco que en la más conocida vertiente Suroeste.
Hemos caminado paralelos a un bonito barranco, el de Linares, hemos visitado Beselga y su castillo, nos hemos refrescado en la Fuente de Barraix y nos ha parecido estar caminando la mayor parte del tiempo por senderos de fábula, en donde la vegetación arbórea y arbustiva se cierran en su parte alta llenando de sombra un sendero de por sí, suave, que serpentea para subir al lugar de inicio de la ruta entre pinos, viburnos, jara blanca, palmitos, romeros, brezo... Un verde intenso que se alza apuntando hacia un cielo azul radiante y los cerros y colinas que rodean y abrazan este precioso entorno natural.

J.L. Asensi

domingo, 12 de octubre de 2014

Pico pina desde la Masía de Noguera


Ruta geológica, de paisajes profundos, lejanos, en un día donde la luz resplandece chocando contra el paisaje que la despide, la devuelve, la expande... Ruta de senderos acolchados, dulces, cubiertos por la sombra de los gigantescos pinares. Rocas que asoman en todo momento con sus hechizadas formas, que bailan y forman parte de la fiesta senderista.
Rocas que se extienden y se dejan ver en todas partes, omnipresentes. Rocas que juegan con la fantasía de los caminantes.
Paisajes diferenciados, cambiantes: barrancos, cimas, colinas, laderas, cielo azul, molinos de viento modernos, que como gigantes lo presiden todo. Pueblo blanco, Pina de Montalgrao, asentado sobre una llanura, bosques donde al sol le cuesta penetrar, pistas, caminos, senderos, cuevas, masías, ovejas, cabras montesas... Cima de mil cuatrocientos cuatro metros que hay que alcanzar, como si ello nos hiciera estar un poco más cerca del cielo.
Sueño profundo del fondo de la Tierra: estalactitas y estalagmitas. Cielos con las diferentes tonalidades del azul y el rojo, de pastel, con las luces de algún pueblo brillando a lo lejos y Venus y la Luna asomando en una noche serena que ya empieza a descender sobre valles y montañas. Estrellas que anuncian la llegada de otra noche, reinando sobre la Naturaleza y las cabezas de los caminantes llegando al punto de partida, el Mas de Noguera

J.L. Asensi 

domingo, 5 de octubre de 2014

Picos de Urbión




A esta ruta le tengo un cariño especial. Es una ruta que se realizó hace tiempo, pero que nunca ha salido del cajón de las rutas sin publicar, por decirlo de alguna manera.
Ahora he encontrado ese momento para hacerle el hueco que se merece, ya que fue una ruta inolvidable, de paisajes sorprendentes y de Naturaleza en estado puro, de agua y verde intenso, de caballos y vacas pastando, de rapaces oteando desde el cielo, del río y las cascadas, de pozas y lagos de agua cristalina y de un dos mil inmejorable, el de los Picos de Urbión, todavía con nieve en un mes de Mayo y en un día de intenso calor. Y como no, con una compañía inmejorable, amigos senderistas que nos juntamos en una ocasión para no olvidar.
Así describí en su momento esa ruta:

Prados, valles y montañas. Verde bañado por el agua, ríos, fuentes, saltos de agua jugueteando revoltosa, formando molinetes. Fría, cristalina dejándose caer desde arriba, desde lo más alto.
Volcán de sensaciones, sentidos abiertos de par en par, magia en el sendero que hay que recorrer, inscripciones de aliento, de fuerza, de sueños por cumplir.
No hay prisas, no existe el tiempo que nos obligue. Solo subir y llegar, llenarnos de paisajes, disfrutar.
Tatuando los verdes prados, manchas marrones, blancas y negras pacen en ellos, parece el paraíso de las vacas, donde sus rebaños forman parte del entorno.
Tesoro natural: Naturaleza, madre Tierra y su amante fundamental: agua, agua y más agua. Frescor para la vista y para el cuerpo. Líquido que calma la sed. Grandes lagos al abrigo de las cimas, inmensos bloques de hielo recubren de blanco el color de tierra y roca.
Trayecto impensable, inmensos bosques de pino Albar. A veces el sol no llega ni a entrar. Casas de piedra desperdigadas, que un día lo fueron. Una estaba habitada por la gran sorpresa del día: en tan apartados rincones un urbanita que lo fue de una gran ciudad y que un día lo dejó todo para ir a vivir en plena Naturaleza, alejado de pueblos y demás gente. Persona feliz, que decía haber logrado esa comunión con la Tierra. Nos enseñó su morada, nos contó historias y nos habló de la ruptura que la persona ha formalizado con la Naturaleza, del daño que causamos a esta y que la Tierra nos devuelve, a veces con dolor y sufrimiento, menos del que se le suele infligir a ella.
Eso nos hizo pensar en lo evidente y que la mayoría de las personas prefieren ignorar, o negar y que es el olvido total de la Tierra, que al fin y al cabo es de donde venimos y a donde iremos a parar.
Guardianes leales, puertas, pasos hacía la gran cima nos esperan. Techo Soriano de formas increíbles, sorprendentes, a donde, paso a paso logramos llegar para maravillarnos del gran espectáculo que se abre ante nuestros ojos y que solo la Naturaleza es capaz de crear.
Después la bajada, la comida, el descanso. Todo ello pegados a un lago tapizado a su alrededor de verde.
El último tramo de la ruta nos espera, descender hasta la Laguna Negra, inmensa y llena de misteriosas leyendas sobre la misma. Imponentes paisajes nos hacen vibrar, maravillosas vistas desde lo alto, paredes verticales con gran profundidad. Al poco, descenso total a tocar de agua. Aquí un deseado y merecido descanso para esperar al autobús que nos devolverá al lugar donde tenemos el alojamiento, el bonito pueblo soriano de Vinuesa.
Era el adiós de ese día a un bello paraje de la Soria Natural, con el mismo en las retinas y en el corazón.


 


miércoles, 1 de octubre de 2014

El Bosque de la Melodía de Otoño


Ocurrió una vez, que un caminante se adentro en un gran bosque de Hayas, Castaños y Robles.
Era un bosque encantado en aquella estupenda estación de colores mudables, el otoño.
Era un día cambiante, ahora brisa que mecía cuidadosamente las hojas de los árboles, ahora viento y en un momento ausencia total del mismo, calma, quietud. En otro instante, casi un huracán, lo que hacía que las hojas cayeran como si una melodía y sus tempos originasen su caída caprichosamente, a su compás, convirtiendo aquello en un espectáculo sin igual.
Las hojas caían, iban y venían, completando el mullido colchón que se formaba sobre senderos, a la orilla de riachuelos cantarines, encima de alguna roca, dotándola, casi de imagen propia vestida para la ocasión. Todo era mágico y esta persona que caminando y sin pretender acceder a tanta belleza, se encontró en el epicentro de la misma, con los animales que se asomaban curiosos, las aves que detenían por un momento su vuelo sobre las ramas. Parecía que todos escuchaban y que de un momento a otro se arrancarían a bailar como en un vals invisible que dominaba el momento y el lugar.
Caían algunas hojas casi por inercia y aquella persona pensaba en voz alta:
-Como la vida misma, a veces las cosas suceden sin que nos demos cuenta, lentamente, al mismo tiempo que hacemos cualquier cosa, con pasividad.
De repente un poco de brisa las hacía caer con un poco más de ánimo.
-Como la vida misma, otras veces las cosas suceden con un poco más de energía y nos pillan algo desprevenidos si no estamos preparados.
Ahora el viento hacía que las hojas cayeran más rápidas.
-Como la vida misma, a veces las cosas ocurren con una rapidez que nos es difícil de seguir, sin esperarlo, como un torbellino que nos empuja.
Pero había momentos en que las hojas caían con gran ímpetu empujadas por un fuerte viento.
-Como la vida misma, a veces pasa tan rápida que no somos capaces de estar a su altura, seguirla y bailar a su ritmo, asir la manivela del vagón, abrir y saltar dentro de él.
Seguían aquellos tempos y la sinfonía formada por estos no cesaba.
-¡Es pura belleza!.
Y en esos momentos el bosque respondió al unísono:
-Como la vida misma, bella y llena de posibilidades, de sueños, de momentos. Unas veces se cumplen porque hay personas que no abandonan los abandonan, porque son constantes y porque viven y disfrutan el momento. Otras llena de dificultades, que otras personas no son capaces de afrontar o aún sin dificultades no son capaces de vivir y se les escapa continuamente de las manos.
Las estaciones son como los momentos y el Otoño es uno de esos momentos donde las cosas se transforman y se recubren de belleza y poesía, como los que habitamos este bosque, parte de la vida, de la tuya, de la nuestra y la de este Planeta.
El caminante se quedó atónito y maravillado. Se dejó ir totalmente y se unió a aquel baile y su sinfonía, a aquellos magníficos habitantes y el paisaje que de ellos emanaba. Fue como una comunión total, con la Naturaleza, con la belleza, con la vida y con el instante.
El secreto es que solo se puede vivir un instante cada vez y disfrutar del mismo. Cada instante es un tempo en esa vida que no tiene pasado, ni futuro, solo el momento mágico.

J.L. Asensi

sábado, 27 de septiembre de 2014

Burgos

Burgos, ciudad Castellano-Leonesa, una de las perlas del Camino de Santiago abierta al visitante y al peregrino, atravesada por este y por el Río Arlanzón, Patrimonio de la Humanidad en su magnífico exponente de la arquitectura gótica representado por su Catedral, la de Santa María. Ciudad que rezuma historia y monumentos, en donde destacan también entre otros: El Arco de Santa María, su Plaza Mayor, La Casa del Cordón, La Puerta e Iglesia de San Esteban, Iglesia de San Gil, La Cartuja de Miraflores, El Monasterio de Santa María de Las Huelgas, El Castillo, La Plaza del Mío Cid con el Teatro Principal, las estatuas ubicadas en las calles de esta bonita ciudad, entre ellas la de La Castañera o la del Peregrino y calles como la de La Paloma, centro comercial de productos de la tierra: Embutidos, quesos, vinos. Los puentes que cruzan el Río Arlanzón, entre ellos el de San Pablo, el de Santa María…Recorrer sus murallas y puertas, la de San Esteban nombrada anteriormente y la del Arco de San Martín, el Paseo de Los Cubos, El Paseo del Espolón…
La noche Burgalesa ofrece, también, al visitante una gran oferta de ocio y gastronomía. No dejaremos de probar, esto por el día, su famosa Olla del Peregrino o la Olla Podrida, la morcilla Burgalesa, su queso, la Sopa Castellana, las alubias o “Caparrones”, así como sus carnes y vinos para acompañarla.
Burgos es una ciudad para saborearla despacio, al igual que su gastronomía y pasar unos días recorriéndola, también algunos puntos cercanos de su provincia como el Yacimiento de Atapuerca o el Convento de Santo Domingo de Silos, famoso por su claustro y por los cantos Gregorianos, este más lejos de la ciudad, a sesenta kilómetros de esta.
Sea como fuere, Burgos es una buena opción para una escapada o visita turística.