miércoles, 22 de octubre de 2014

Pasos perdidos


Oigo tus pasos en nuestra calle resonar,
cuando vienes y cuando te vas,
pero esta noche los oigo como en otra calle,
una calle que está cubierta por la bruma
de mis pensamientos.
Tal vez sea todo una quimera,
lo cierto es que tú no estás.

J.L. Asensi

sábado, 18 de octubre de 2014

Barraix-Beselga


La Sierra Calderona tiene rutas bonitas e importantes, algunas muy conocidas y clásicas. La verdad es que la de hoy nos ha dejado un muy buen sabor de boca. Poco había transitado, yo, por esta parte de la misma, pero he de decir que vale la pena. Zonas llenas de umbría, de vegetación abundante… De hecho los helechos y la gran cantidad de musgo que se pueden apreciar durante esta ruta son más bien propios de las zonas más húmedas de otras sierras. Esa ha sido una de las agradables sorpresas del día, además de los charcos de agua que permanecen mucho más tiempo en esta vertiente, dejando el paisaje más fresco y menos seco que en la más conocida vertiente Suroeste.
Hemos caminado paralelos a un bonito barranco, el de Linares, hemos visitado Beselga y su castillo, nos hemos refrescado en la Fuente de Barraix y nos ha parecido estar caminando la mayor parte del tiempo por senderos de fábula, en donde la vegetación arbórea y arbustiva se cierran en su parte alta llenando de sombra un sendero de por sí, suave, que serpentea para subir al lugar de inicio de la ruta entre pinos, viburnos, jara blanca, palmitos, romeros, brezo... Un verde intenso que se alza apuntando hacia un cielo azul radiante y los cerros y colinas que rodean y abrazan este precioso entorno natural.

J.L. Asensi

domingo, 12 de octubre de 2014

Pico pina desde la Masía de Noguera


Ruta geológica, de paisajes profundos, lejanos, en un día donde la luz resplandece chocando contra el paisaje que la despide, la devuelve, la expande... Ruta de senderos acolchados, dulces, cubiertos por la sombra de los gigantescos pinares. Rocas que asoman en todo momento con sus hechizadas formas, que bailan y forman parte de la fiesta senderista.
Rocas que se extienden y se dejan ver en todas partes, omnipresentes. Rocas que juegan con la fantasía de los caminantes.
Paisajes diferenciados, cambiantes: barrancos, cimas, colinas, laderas, cielo azul, molinos de viento modernos, que como gigantes lo presiden todo. Pueblo blanco, Pina de Montalgrao, asentado sobre una llanura, bosques donde al sol le cuesta penetrar, pistas, caminos, senderos, cuevas, masías, ovejas, cabras montesas... Cima de mil cuatrocientos cuatro metros que hay que alcanzar, como si ello nos hiciera estar un poco más cerca del cielo.
Sueño profundo del fondo de la Tierra: estalactitas y estalagmitas. Cielos con las diferentes tonalidades del azul y el rojo, de pastel, con las luces de algún pueblo brillando a lo lejos y Venus y la Luna asomando en una noche serena que ya empieza a descender sobre valles y montañas. Estrellas que anuncian la llegada de otra noche, reinando sobre la Naturaleza y las cabezas de los caminantes llegando al punto de partida, el Mas de Noguera

J.L. Asensi 

domingo, 5 de octubre de 2014

Picos de Urbión




A esta ruta le tengo un cariño especial. Es una ruta que se realizó hace tiempo, pero que nunca ha salido del cajón de las rutas sin publicar, por decirlo de alguna manera.
Ahora he encontrado ese momento para hacerle el hueco que se merece, ya que fue una ruta inolvidable, de paisajes sorprendentes y de Naturaleza en estado puro, de agua y verde intenso, de caballos y vacas pastando, de rapaces oteando desde el cielo, del río y las cascadas, de pozas y lagos de agua cristalina y de un dos mil inmejorable, el de los Picos de Urbión, todavía con nieve en un mes de Mayo y en un día de intenso calor. Y como no, con una compañía inmejorable, amigos senderistas que nos juntamos en una ocasión para no olvidar.
Así describí en su momento esa ruta:

Prados, valles y montañas. Verde bañado por el agua, ríos, fuentes, saltos de agua jugueteando revoltosa, formando molinetes. Fría, cristalina dejándose caer desde arriba, desde lo más alto.
Volcán de sensaciones, sentidos abiertos de par en par, magia en el sendero que hay que recorrer, inscripciones de aliento, de fuerza, de sueños por cumplir.
No hay prisas, no existe el tiempo que nos obligue. Solo subir y llegar, llenarnos de paisajes, disfrutar.
Tatuando los verdes prados, manchas marrones, blancas y negras pacen en ellos, parece el paraíso de las vacas, donde sus rebaños forman parte del entorno.
Tesoro natural: Naturaleza, madre Tierra y su amante fundamental: agua, agua y más agua. Frescor para la vista y para el cuerpo. Líquido que calma la sed. Grandes lagos al abrigo de las cimas, inmensos bloques de hielo recubren de blanco el color de tierra y roca.
Trayecto impensable, inmensos bosques de pino Albar. A veces el sol no llega ni a entrar. Casas de piedra desperdigadas, que un día lo fueron. Una estaba habitada por la gran sorpresa del día: en tan apartados rincones un urbanita que lo fue de una gran ciudad y que un día lo dejó todo para ir a vivir en plena Naturaleza, alejado de pueblos y demás gente. Persona feliz, que decía haber logrado esa comunión con la Tierra. Nos enseñó su morada, nos contó historias y nos habló de la ruptura que la persona ha formalizado con la Naturaleza, del daño que causamos a esta y que la Tierra nos devuelve, a veces con dolor y sufrimiento, menos del que se le suele infligir a ella.
Eso nos hizo pensar en lo evidente y que la mayoría de las personas prefieren ignorar, o negar y que es el olvido total de la Tierra, que al fin y al cabo es de donde venimos y a donde iremos a parar.
Guardianes leales, puertas, pasos hacía la gran cima nos esperan. Techo Soriano de formas increíbles, sorprendentes, a donde, paso a paso logramos llegar para maravillarnos del gran espectáculo que se abre ante nuestros ojos y que solo la Naturaleza es capaz de crear.
Después la bajada, la comida, el descanso. Todo ello pegados a un lago tapizado a su alrededor de verde.
El último tramo de la ruta nos espera, descender hasta la Laguna Negra, inmensa y llena de misteriosas leyendas sobre la misma. Imponentes paisajes nos hacen vibrar, maravillosas vistas desde lo alto, paredes verticales con gran profundidad. Al poco, descenso total a tocar de agua. Aquí un deseado y merecido descanso para esperar al autobús que nos devolverá al lugar donde tenemos el alojamiento, el bonito pueblo soriano de Vinuesa.
Era el adiós de ese día a un bello paraje de la Soria Natural, con el mismo en las retinas y en el corazón.


 


miércoles, 1 de octubre de 2014

El Bosque de la Melodía de Otoño


Ocurrió una vez, que un caminante se adentro en un gran bosque de Hayas, Castaños y Robles.
Era un bosque encantado en aquella estupenda estación de colores mudables, el otoño.
Era un día cambiante, ahora brisa que mecía cuidadosamente las hojas de los árboles, ahora viento y en un momento ausencia total del mismo, calma, quietud. En otro instante, casi un huracán, lo que hacía que las hojas cayeran como si una melodía y sus tempos originasen su caída caprichosamente, a su compás, convirtiendo aquello en un espectáculo sin igual.
Las hojas caían, iban y venían, completando el mullido colchón que se formaba sobre senderos, a la orilla de riachuelos cantarines, encima de alguna roca, dotándola, casi de imagen propia vestida para la ocasión. Todo era mágico y esta persona que caminando y sin pretender acceder a tanta belleza, se encontró en el epicentro de la misma, con los animales que se asomaban curiosos, las aves que detenían por un momento su vuelo sobre las ramas. Parecía que todos escuchaban y que de un momento a otro se arrancarían a bailar como en un vals invisible que dominaba el momento y el lugar.
Caían algunas hojas casi por inercia y aquella persona pensaba en voz alta:
-Como la vida misma, a veces las cosas suceden sin que nos demos cuenta, lentamente, al mismo tiempo que hacemos cualquier cosa, con pasividad.
De repente un poco de brisa las hacía caer con un poco más de ánimo.
-Como la vida misma, otras veces las cosas suceden con un poco más de energía y nos pillan algo desprevenidos si no estamos preparados.
Ahora el viento hacía que las hojas cayeran más rápidas.
-Como la vida misma, a veces las cosas ocurren con una rapidez que nos es difícil de seguir, sin esperarlo, como un torbellino que nos empuja.
Pero había momentos en que las hojas caían con gran ímpetu empujadas por un fuerte viento.
-Como la vida misma, a veces pasa tan rápida que no somos capaces de estar a su altura, seguirla y bailar a su ritmo, asir la manivela del vagón, abrir y saltar dentro de él.
Seguían aquellos tempos y la sinfonía formada por estos no cesaba.
-¡Es pura belleza!.
Y en esos momentos el bosque respondió al unísono:
-Como la vida misma, bella y llena de posibilidades, de sueños, de momentos. Unas veces se cumplen porque hay personas que no abandonan los abandonan, porque son constantes y porque viven y disfrutan el momento. Otras llena de dificultades, que otras personas no son capaces de afrontar o aún sin dificultades no son capaces de vivir y se les escapa continuamente de las manos.
Las estaciones son como los momentos y el Otoño es uno de esos momentos donde las cosas se transforman y se recubren de belleza y poesía, como los que habitamos este bosque, parte de la vida, de la tuya, de la nuestra y la de este Planeta.
El caminante se quedó atónito y maravillado. Se dejó ir totalmente y se unió a aquel baile y su sinfonía, a aquellos magníficos habitantes y el paisaje que de ellos emanaba. Fue como una comunión total, con la Naturaleza, con la belleza, con la vida y con el instante.
El secreto es que solo se puede vivir un instante cada vez y disfrutar del mismo. Cada instante es un tempo en esa vida que no tiene pasado, ni futuro, solo el momento mágico.

J.L. Asensi

sábado, 27 de septiembre de 2014

Burgos

Burgos, ciudad Castellano-Leonesa, una de las perlas del Camino de Santiago abierta al visitante y al peregrino, atravesada por este y por el Río Arlanzón, Patrimonio de la Humanidad en su magnífico exponente de la arquitectura gótica representado por su Catedral, la de Santa María. Ciudad que rezuma historia y monumentos, en donde destacan también entre otros: El Arco de Santa María, su Plaza Mayor, La Casa del Cordón, La Puerta e Iglesia de San Esteban, Iglesia de San Gil, La Cartuja de Miraflores, El Monasterio de Santa María de Las Huelgas, El Castillo, La Plaza del Mío Cid con el Teatro Principal, las estatuas ubicadas en las calles de esta bonita ciudad, entre ellas la de La Castañera o la del Peregrino y calles como la de La Paloma, centro comercial de productos de la tierra: Embutidos, quesos, vinos. Los puentes que cruzan el Río Arlanzón, entre ellos el de San Pablo, el de Santa María…Recorrer sus murallas y puertas, la de San Esteban nombrada anteriormente y la del Arco de San Martín, el Paseo de Los Cubos, El Paseo del Espolón…
La noche Burgalesa ofrece, también, al visitante una gran oferta de ocio y gastronomía. No dejaremos de probar, esto por el día, su famosa Olla del Peregrino o la Olla Podrida, la morcilla Burgalesa, su queso, la Sopa Castellana, las alubias o “Caparrones”, así como sus carnes y vinos para acompañarla.
Burgos es una ciudad para saborearla despacio, al igual que su gastronomía y pasar unos días recorriéndola, también algunos puntos cercanos de su provincia como el Yacimiento de Atapuerca o el Convento de Santo Domingo de Silos, famoso por su claustro y por los cantos Gregorianos, este más lejos de la ciudad, a sesenta kilómetros de esta.
Sea como fuere, Burgos es una buena opción para una escapada o visita turística.



domingo, 21 de septiembre de 2014

La Masía de la Campana desde Benitandús


Como en un sueño, como en una dulce nube blanca flotando por los contornos de un bosque encantado, arriba, abajo, en medio de tanta belleza.
Árboles de formas y siluetas increíbles, de cuento de hadas, de Elfos. Suave brisa que canta una canción meciendo las hojas dormidas en un mundo mágico.
Es una ruta completa, de las más frondosas de la dulce enamorada: La Sierra de Espadán.
La naturaleza se muestra en todo su esplendor, la vegetación lo domina todo, la humedad, la umbría, los senderos suaves suben, bajan y serpentean llevándonos a la comunión con la Madre: La Tierra, La Naturaleza en mayúsculas.
Nos asombramos a cada paso, en cada recodo, en cada rincón, con cada hilillo de agua que corre por doquier en años de bonanza, por cada canto de pajarillo contento y ensimismado como nosotros con el paisaje que habita: inmenso, de un verde intenso, en un día en el cual el sol no molesta.
Los roquedos de calizas triásicas en retraimiento desde la base, con esas formas caprichosas, con grandes piedras que, casi, se suspenden en el vacío.
Los blancos, pequeños y tranquilos pueblos que pasamos, sus pueblos antecesores, hoy casi derruidos, lástima de lugares mágicos, abandonados por la falta de una protección patrimonial, pero que todavía conservan, o mejor dicho conserva, pues fue solo uno el que visitamos, Suera Alta, con
arcos de medio punto, de casas derruidas que fueran moriscas. Queda algún corral y un establo en unas condiciones bastante buenas.
Es como transportarse, ya no al pasado, pero sí a un lugar donde la imaginación, la alegría de poder contemplar tal joya y el entorno tan inmensamente verde, llenan el espíritu de paz, uniéndote con cada hermano árbol, cada hermana planta, cada hermano pájaro...
Fuentes: una artificial, la de Castro, acondicionada, no por ello falta de encanto; pero la otra posee tanta hermosura natural: La del Avellaner, metida en un pequeño barranco, donde las comparaciones sobrarían todas, pues yo le llamaría el barranco encantado. Es tanta su belleza que no tiene comparaciones posibles: pequeños arroyos que se deslizan entre tanto musgo, tantos helechos, tanto verde...Canto de agua que va saltando alegre en pequeñas cascadas, produciendo un sonido que te enamora. Bosques interminables, hasta donde alcanza la vista; de Alcornoques en una vertiente, en la otra predominan más los pinos, pero también junto a los siempre preciosos árboles, señores de esta Sierra, de los que se extrae el apreciado corcho que sellará las botellas de nobles y añejos vinos, apreciados en el mundo entero.
Castillo que en toda la ruta veremos desde todos los ángulos posibles, el de Maúz, alzándose erguido sobre una cima al medio, rodeado de tanta bella montaña.
Una Masía será uno de los puntos señalados de esta ruta. Una Masía con historia, la de la Campana, lugar donde se piden deseos tocando la misma al llegar y al despedirnos de este lugar. La campana está hecha con la mitad de un obús que cayó allí durante la Guerra Civil y que afortunadamente no llegó a estallar. Cuando se hace sonar esta campana su sonido es escuchado desde toda la Sierra.
Y así entre historias, leyendas, sueños e imaginación, terminamos una de las mejores y más completas rutas de la Sierra de Espadán, con la Luna creciente brillando en una nítida noche sobre la pequeña aldea de Benitandús.

J.L. Asensi