miércoles, 26 de noviembre de 2014

Vallibona:Un Paraíso Otoñando



Nunca había estado en la zona por la cual transita la ruta de este sábado, caminando sus senderos y parajes, pero puedo decir que es de esas veces que te dejan un muy agradable sabor de boca y te sorprenden de una manera imprevista.
Pensaba que la ruta podía ser muy bonita, pero sin embargo resulto ser extraordinariamente bella.
Comenzó siendo una gran sorpresa, cuando vimos aquel otoño que semanas atrás habíamos perseguido sin encontrar del todo, plasmado en sus bosques salpicados, sobre todo, de robles, los cuales le conferían esa cualidad temporal. Bonitas manchas amarillas, ocre, rojizas, saltaban de aquí para allá y nos introducían en lo que iba a ser la tónica del día.
También los arces se sumaban a esta fiesta de color. Pero lo que también ayudaba en esa agradable sorpresa, era el tapiz de fronda verde que constituían pinos, encinas, gigantescos enebros, sabinas… que conformaban toda esa masa boscosa que nos acompañaría en la mayor parte de la ruta. Alicientes como los altiplanos con sus masías diseminadas, las vacas y ovejas pastando, el río Cervol, Servol o Serbol con menos agua que otras veces debido a su intermitencia y a la sequía que venimos arrastrando desde hace más de un año, pero que se dejaba ver y oír en algunos momentos, la Cueva de los Maquis a la cual no pudimos acceder por su gran peligrosidad, aunque llegar a la base ya es todo un espectáculo para poder contemplar la pared rocosa, el recinto acotado por un murete de piedras y el bosque de ensueño que hay que atravesar para llegar hasta la base, bosque de encinas y musgo que dan una idea de la gran cantidad de humedad de la zona y por tanto de la gran cantidad de Naturaleza que la alberga.
Pasaremos por un molino, el Molí del Rico enclavado en un espacio idílico cerca del río, hasta llegar de nuevo al encantador pueblo de la Vallibona, rodeado, este, de montañas y enclavado en una falda jalonando una profunda herida en forma de espectacular barranco que es desde donde iniciamos la ruta ocho horas antes. No puedo pasar por alto el espectacular comienzo de la ruta, donde alcanzaremos gran parte del desnivel de la misma en un sendero que transcurre por una mole rocosa y que la atraviesa en zigzag surcándola de abajo a arriba. Allí nos encontramos con un espectador siempre deseado, las cabras hispánicas que nos observaban curiosas para ir saltando de roca en roca, hasta desaparecer poco después.

J.L. Asensi

domingo, 23 de noviembre de 2014

Incógnitas enlazadas




Mucha gente se pregunta el porqué de la muerte,
pero no se pregunta el porqué de la vida.
Se pregunta si existe la paz 
y no se pregunta el porqué de las guerras.
Se pregunta por la felicidad,
pero no hace nada por conseguirla.
Se pregunta por la libertad,
pero tiene miedo de ella.
La gente reconoce la tecnología y los avances
de que es capaz el ser humano,
pero no se pregunta el porqué de tanto desastre
humanitario y medioambiental.
La gente reclama amor, necesita amistad,
pero en cambio solo es capaz de ser egoísta
y dar solo lo que le sobra: prepotencia,
agresividad, competitividad, indolencia…
La gente se hace muchas preguntas,
pero no mira en su interior para encontrar
las respuestas,
pues puede ser capaz de encontrar soluciones,
pero, también, puede encontrar algo
que le cause molestia.
La gente suele hablar de los demás, juzgar a
primera vista,
pero no es capaz de mirarse a sí misma,
ser comprensiva , tener empatía y prudencia.
La gente hace las preguntas equivocadas
y encuentra las respuestas erróneas,
las que siempre conducen al mismo sitio,
por eso no avanza en el sentido correcto
y repite mucho la historia.
La gente no cuida lo suficiente de la
Naturaleza, del medioambiente, de La Tierra,
por eso no puede sentirse parte de ella.
En ella residen todos los secretos, todas las
preguntas, las raíces de las personas y los
frutos que las alimentan.

J.L. Asensi

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Fragmentos del Tiempo





El tiempo no existe, existen los recuerdos que se produjeron durante ese tiempo, porque el tiempo deja de existir en el momento que se transforma en recuerdos. Por eso vamos reuniendo recuerdos y dejando tiempo por el camino. Reunimos canciones, besos, abrazos, caricias, momentos que significan algo para nosotros y mientras tanto va trascurriendo el tiempo, dejando fragmentos de nosotros mismos en todos esos recuerdos, en todos esos lugares en los que hemos existido. Y no volvemos a encontrarnos con esos fragmentos, si no es en el recuerdo, o volviendo a estar en esos mismos lugares o escuchando esas mismas canciones o de una manera más difícil o imposible, recibiendo esos mismos besos, abrazos, caricias…
Recordamos y desafiamos al tiempo, abrimos la cerradura de ese baúl donde dejamos guardados, en ese tiempo, los recuerdos más preciados y volvemos incluso a lugares o personas que existieron, notándolos como un presente difuminado pero real que nos devuelve a nosotros mismos, hasta encontrarnos frente a frente en un pasado fusionado con el momento de la remembranza.
No existe el tiempo, existen nuestros recuerdos; el ahora y nosotros mismos.
¿Nos pertenecen nuestros pensamientos o nos preceden y somos lo que pensamos? ¿Forman parte de nosotros o nosotros formamos parte de ellos?
Recuerdos y pensamiento están entrelazados. ¿Tenemos, entonces, la potestad de superar el tiempo que conforman nuestros recuerdos?
Si nos pertenecen los recuerdos, nos pertenece también el tiempo que ocupan. Es un tiempo en el que estuvimos, un lugar que llenamos con nuestra presencia, dejamos allí partículas esparcidas, huecos, parte de nosotros y las recuperamos recordando el espacio ocupado.
Lo que es hoy, mañana será ayer, y allí hay un recuerdo, un espacio, un tiempo ocupado por nosotros, por nuestros recuerdos.
El tiempo transcurrido nos pertenece a través de nuestros recuerdos, donde el tiempo ya no existe y se ha transformado tan solo en recuerdo.
Por eso acaparamos recuerdos, porque es la única manera de medir la intensidad que tuvo el tiempo y de tener la certeza de haber vivido, de haber realizado nuestros deseos y de haber llegado a ser en ese momento, porque ser se es en el instante, después se ha sido.
El tiempo es relativo, donde el momento constituye la realidad de cada cual en ese instante y en el lugar en donde se encuentre y nunca es igual para todas las personas. Por ello se inventó la manera de medir el tiempo, porque el ser humano teme a aquello que desconoce o no puede controlar. Así el tiempo se convierte en la manera de medir cada arruga que se añade sobre la piel, porque el tiempo no se puede detener y la muerte es algo inevitable.
Así, cada instante, siempre en el presente, puede que sea el momento ideal para ser feliz y ganarle al tiempo bonitos recuerdos.

J.L. Asensi

domingo, 16 de noviembre de 2014

Peña Saganta





Espadilla es un pueblo blanco que se alza en una ladera a orillas del Mijares, del cual toma el nombre de la Comarca a la que pertenece.
Es aquí en este bonito pueblo Castellonense donde se halla situada la ruta de hoy. Esta es la que asciende desde dicho pueblo hasta la Peña Saganta, una mole rocosa de escasa altitud, 731 metros, pero desde donde se puede disfrutar de extraordinarias vistas paisajísticas: hacia el mar, sobre todo la zona portuaria de Castellón y Benicàssim y las Islas Columbretes en días de bastante visibilidad, hacia la cima de la Comunidad, El Penyagolosa, hacia la sierra de Espadán… Obtendremos también excelentes panorámicas del castillo de Espadilla, de las torrenteras que se abren entre estas montañas, del mar de piedra que encontraremos casi llegando a la cima. Y vistas de un bosque de pinos en su mayor parte y encinas que componen las casi 900 hectáreas boscosas de su término municipal.
Un recorrido cercano, asequible y con varios focos de interés que hacen de este, una ruta entretenida e interesante de una mole rocosa, emblemática, muy nombrada y tal vez no excesivamente conocida para gente de otras zonas de la Comunidad.

J.L. Asensi

miércoles, 12 de noviembre de 2014

Como la vida misma



Una vez escuché esta historia, que podría ser la tuya, o la mía, o la de cualquier  persona, o la de la mayoría de todas ellas.
Había una persona en un pueblecito de montaña, a la cual le encantaba la naturaleza y tenía una predilección especial por las flores.
Dicho pueblo estaba situado en un entorno privilegiado, lleno de naturaleza, árboles de porte extraordinario y flores cuya hermosura hubiera dejado atónito a cualquiera.
Esta persona era una persona muy ocupada , a pesar de que la vida en el pueblo era muy tranquila. Había que trabajar, pero como todas y cada una de las personas que necesitamos  trabajar para sobrevivir.
Siempre estaba deseando conocer otros parajes naturales de los que había oído hablar. Tal vez un día, los visitaría.
Cada día esta persona se levantaba temprano y regresaba a casa a la puesta del sol, cenaba y se acostaba a dormir sin más aliciente que su trabajo. Pero su sueño era todas las noches el mismo, conocer otros parajes, otras costumbres, otra gente. Tal vez la mujer con quien compartir su vida.
Pero siempre se repetía lo mismo: “Habrá tiempo” o “Mañana será otro día”, pero así se fue sucediendo el tiempo y un día precedía a otro, pero su deseo, su sueño seguía intacto. Y por la noche se repetía: “Mañana será otro día”.
Un día llegaron al pueblo un grupo de caminantes de otros países, atraídos por la belleza de aquellas montañas, de aquel entorno. Se conocieron y él les ofreció su casa durante el tiempo que allí estuvieron. Aquellas
personas, agradecidas por tan amable trato, le invitaron a ir a conocer sus respectivos países, sus respectivos entornos naturales y a quedarse en sus casas. El hombre, ilusionado, les dijo que sí, que iría, pero que ahora estaba demasiado ocupado y no podía: “Habrá tiempo” “Mañana será otro día”.
Pasados muchos años, esta persona se encontró en la cama viejo, cansado y a punto de morir. Recorrió mentalmente su vida y se vio como el
náufrago de una diminuta isla, en la cual solo el cabía y de la cual nunca había salido. Pero en un momento de lucidez, reconoció esta isla como la que él mismo se había impuesto durante toda su vida: El trabajo,
las obligaciones y el posponer para otro día sus sueños.
Esta persona murió y todo el pueblo fue a su entierro, también aquel grupo de personas que un día visitaron su pueblo. Cada persona le llevo una preciosa flor y un puñado de naturaleza de aquellos parajes, tan bonitos y que tanto había amado. También, aquellas personas que lo invitaron en reciprocidad, le llevaron tierra de sus montañas y flores de aquellos lugares que nunca llegó a conocer.
Él siempre pensó que habría tiempo, que siempre habría un mañana, un día que sucede a otro. Pero el tiempo es finito y llega un momento que se acaba y para él se acabó de esta manera.
Esta historia refleja lo que la mayoría de las personas solemos hacer. Dejarlo todo para mañana: “Mañana ya tendré tiempo” “Mañana ya amaré” “Mañana le diré que la/lo quiero” “Mañana será otro día”. Pero posiblemente mañana sea demasiado tarde.
Es cierto que necesitamos trabajar para vivir, pero mucha gente vive para trabajar. Es cierto que siempre tenemos cosas que hacer, pero nosotros agregamos muchas más. Es cierto que la vida, normalmente se compone de muchos días, pero nos olvidamos que es el mejor regalo y nos olvidamos de vivirla, aquí y ahora.
Amar, vivir, intentar hacer realidad nuestros sueños y ser felices son cosas importantes que no se pueden posponer.
Mañana solo será otro día para poder ir a trabajar y acudir a esas “obligaciones” que, muchas veces, nos imponemos en demasía y que nos roban nuestro tiempo hasta extenuarnos.
Si sigues esperando el momento ideal, es probable que nunca empieces.

J.L. Asensi